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12/16/11

Actualidad de la política climática

Al finalizar el 2012 concluye el primer periodo de compromiso del Protocolo de Kioto. La Cumbre Mundial sobre Cambio Climático (COP 17) celebrada a principios de diciembre de 2011 en Durban, ha sido la décimo séptima conferencia y en ella se reunieron más de 190 Estados signatarios para fomentar la protección del clima a nivel mundial mediante un acuerdo sobre un segundo periodo de compromiso, con resultados desalentadores.

 

El Protocolo de Kioto limita las emisiones de los países industrializados que hayan aprobado el protocolo. Entre los estados con mayores emisiones se encuentran, además de los Estados Unidos, también China, India, Indonesia, Rusia y Brasil y estos países también tendrán que contribuir en el futuro.

 

La Cumbre sobre Cambio Climático COP 17 en la ciudad sudafricana de Durban duró casi dos semanas. Como resultado de esta cumbre se obtuvo más estancamiento que progreso. Sobre todo los Estados Unidos y Canadá frenaron las expectativas. El compromiso alcanzado al final en Durban prevé la continuación del Protocolo de Kioto. Para la elaboración del acuerdo que lo suceda habrá que esperar hasta la próxima Cumbre sobre Cambio Climático en Qatar en 2012.

 

Hasta 2015 debe elaborarse un acuerdo mundial sobre cambio climático, el cual deberá entrar en vigor desde 2020. Incluso países como los Estados Unidos y China deberán entonces tomar parte por primera vez con objetivos vinculantes. El Fondo Verde para el Clima (Green Climate Fund - GCF) deberá contribuir con la puesta a disposición desde 2020 de 100 millardos de dólares (74 millardos de euros) anuales para países en vías de desarrollo. Sin embargo, el origen de estos recursos es aún incierto.

 

 

Política climática y océanos

por Matthias Berg, COPSAIL

 

El Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-Moon calificó el cambio climático como “el mayor desafío común de la humanidad”. Sin embargo, incluso tras la 15.a Cumbre de la ONU sobre Cambio Climático de Copenhague, no existe un acuerdo vinculante al respecto para el futuro ni existen tampoco acciones decididas conjuntas para el necesario cambio de rumbo.

 

Manifestantes exigen resultados a los participantes en la Cumbre sobre Cambio Climático de Copenhague en 2009.

En el Báltico, frente a las costas de Copenhague, durante una parada naval en diciembre de 2009 durante la cumbre climática, cinco veleros clásicos izaron sus velas con la inscripción „Act now!“ (¡actúen ahora!). Esta misma consigna fue gritada y colocada en pancartas por decenas de miles de activistas contra el cambio climático en las calles, quienes vestidos con overoles azules represantaban simbólicamente: “La inundación está llegando” (“The flood is coming“). De esta manera colorida y llena de diversidad se demostró que mediante la participación activa es posible lograr soluciones alternativas y que estas son necesarias urgentemente.

 

Sin embargo, las negociaciones políticas permanecieron casi inmóviles. La política climática actual se asemeja a un gran velero casi incapaz de maniobrar, con todas las velas colocadas en diferentes direcciones y sin que la dirección de las mismas sea cambiada para poder llevar a cabo la maniobra de viraje necesaria, sino que la tripulación mantiene testarudamente su curso incorrecto. La problemática del clima es muy compleja y complicada, pero el cambio de curso necesario urgentemente no puede postergarse más ni dejar que siga siendo detenido por las barreras burocráticas. ¡Es necesaria una acción decidida en la política, la economía y la sociedad civil!

 

Al respecto, un visita guíada con puntos de vista críticos sobre aspectos concretos de la política climática, una mirada a la “estela” del debate de muchas decádas, a las “maniobras” y a los (sólo planeados, en su mayoría) “cambios de rumbo” más importantes.

 

 

Princpios e instrumentos más importantes de la política climática

El andamiaje central y al mismo tiempo el instrumento más importante de la política climática es la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1992 (United Nations Framework Convention on Climate Change – UNFCCC). La Secretaría de la Convención con sede en Bonn organiza una gran conferencia anualmente (Conferencia de las Partes – CP Conference of the parties – COP en sus siglas en inglés). De esta manera los 192 Estados participantes tienen al menos la posibilidad de, entre otras cosas, aplicar estos princpios de la Convención: “Las Partes deberían proteger el sistema climático en beneficio de las generaciones presentes y futuras [...] y deberían tomar medidas de precaución para prever, prevenir o reducir al mínimo las causas del cambio climático y mitigar sus efectos adversos”.

 

Posibles panoramas futuros: Emisiones globales de CO2 (arriba) y calentamiento global en un escenario con ausencia de medidas en política climática (en rojo) así como un escenario con medidas preventivas ambiciosas que limitan la emisión de CO2 a un billón de toneladas en la primera mitad del siglo y seguidamente a casi cero. La emisión de gases de efecto invernadero en el año 2050 en un escenario con medidas preventivas se encuentra un 70 por ciento por debajo del nivel de 1990. Sin medidas en política climática el calentamiento global superará los dos grados Celsius a mediados de siglo. La aplicación de medidas preventivas limitaría este riesgo a un 25%. Fuente: M. Meinshausen et al. (2009)
Tabla 1: Emisiones de CO2 per cápita y producto interno bruto de Estados seleccionados (2005-2009 en números redondos, Oficina Federal de Estadística de Alemanía).

Se prevé una mitigación del cambio climático “teniendo en cuenta las emisiones antropógenas” y una reducción de los gases de efecto invernadero mediante su absorción por los sumideros, así como medidas para facilitar la adaptación adecuada al cambio climático. Las cargas de las medidas deben ser adaptadas al desarrollo y las necesidades de los países contratantes y repartidas de acuerdo a la responsabilidad conjunta, pero con diferentes grados, lo que ha sido denominado burden sharing. Este acuerdo entre países especialmente afectados y los principales causantes es uno de los retos más grandes de la política climática internacional.

 

A esto se suma la responsabilidad histórica de los países industrializados, puesto que ellos, desde el comienzo de la industrialización, han emitido gigantescas cantidades del gas de efecto invernadero CO2 para alcanzar su bienestar y muchos países en vías de desarrollo se encuentran apenas en la etapa inicial de una industrialización. Ellos tienen naturalmente el mismo derecho a un desarrollo sostenido de su industria, pero si su desarrollo económico estuviera supeditado al aumento de sus emisiones, como ha sucedido en los países industrializados, esto conllevaría un aumento global de proporciones catastróficas. En este sentido las naciones industrializadas tienen el deber de actuar en correspondencia con el total de las emisiones por ellas hasta ahora efectuadas.

 

Incluso sin tomar en consideración la responsabilidad histórica existe una gran diferencia entre Estados industrializados financieramente sólidos con emisiones de CO2 per cápita muy altas (véase tabla 1) y los Estados más afectados que en la mayoría de los casos disponen de muy pocos recursos financieros para tomar las medidas necesarias (por ejemplo Bangladesh o la India). Es necesario implementar estrategias y medidas para evitar las emisiones (mitigación) y para adaptarse a las consecuencias del cambio climático (adaptación) como por ejemplo el aumento del nivel del mar y las (cada vez más frecuentes) sequías. Hans Joachim Schellnhuber, asesor sobre asuntos climáticos del Gobierno Federal de Alemania, exige por ello la puesta en práctica de una estrategia doble: ¡“Evitar lo indominable y dominar lo inevitable”! Según su opinión, la ciencia ha aportado pruebas contundentes sobre el cambio climático. Es necesario por tanto actuar en consecuencia con los conocimientos de que disponemos. (Entrevista completa con Hans Joachim Schellnhuber <pdf>))

 

Durante la tercera Conferencia de las Partes (COP 3) en 1997 en Kioto, Japón, se acordaron las bases para el posteriormente vinculante Protocolo de Kioto, el cual contiene la hasta ahora única meta conjunta obligatoria sobre reducción: Disminución de la emisión de CO2 de los países industrializados hasta 2012 en un -5,2% respecto a 1990.

 

Los océanos absorben gran parte de las emisiones de efecto invernadero y evitan con ello un cambio climático más rápido. La absorción de CO2 y el cambio climático modifican al mismo tiempo la capacidad buffer de los océanos. La acidificación de los océanos modifica las condiciones biológicas y su calentamiento puede ocasionar la liberación de metano. Los océanos juegan por tanto un papel importante en el contexto del cambio climático y la política climática. (Oceáno del Futuro)

 

Datos históricos de referencia de la Ciencia del Clima y la política climática

Las decisiones en materia de política climática deben estar basadas en conocimientos científicos. Sin embargo, las reacciones o las implementaciones de carácter vinculante se producen frecuentemente con marcado retraso.

 

Ya a finales del siglo XIX el premio Nobel sueco Svante Arrhenius calculó que en caso de duplicarse el contenido de CO2 en el aire la temperatura global se elevaría entre 4 y 6 °C. La exactitud de sus cálculos de 1896 se considera hoy en día fundamentalmente probada. El correspondiente aumento de temperatura ha sido establecido, sin embargo, en 2-4 °C. A mediados del siglo XX el meteorólogo alemán Hermann Flohn advirtió que la combustión en la industria era el factor decisivo en los efectos de la acción del hombre sobre el clima, el cual “en los últimos tiempos [¡1941!] vuelve a llamar cada vez más la atención. […] Esto significa: la producción de ácido carbónico desde la industrialización afecta el equilibrio y origina un aumento sostenido del contenido de ácido carbónico del aire. […] La acción del hombre se convierte con ello en la causa de un cambio climático global, cuya importancia futura nadie puede prever”. (Flohn, H. (1941): Die Tätigkeit des Menschen als Klimafaktor. En: Zeitschrift für Erdkunde, páginas 13-22)

 

El cuarto informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (Intergovernmental Panel on Climate Change - IPCC) publicado en 2007 y determinante para las decisiones actuales sobre política climática, contiene afirmaciones semejantes. Estos datos comparables sobre cambio climático están, transcurrido medio siglo, respaldados científicamente mediante numerosos estudios: entre otras cosas el aumento de los gases de efecto invernadero en la atmosfera “modifica el balance energético del sistema climático” y un calentamiento climático de +0,7 °C en el último siglo “ha ocurrido, sin ninguna duda”. (IPCC 2007: The Physical Science Basis. Summary for Policymakers.)

 

El Panel Intergubernamental del Cambio Climático fue creado en 1988 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) y la Organización Meteorológica Mundial (WMO) y elabora cada 5-6 años compendios de los conocimientos científicos actuales (Informes de evaluación). De esta manera, destacados científicos del clima ofrecen a quienes tienen en sus manos la toma de decisiones políticas, una visión general del nivel de conocimientos actual sobre cambio climático de manera concentrada y comprensible. El primer informe del IPCC en el año 1990 dió lugar a que en la cumbre mundial de Río de Janeiro (1992) se aprobara la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

 

En el otoño de 2006 el Informe Stern hizo que la opinión pública mundial dirigiera su atención a la política climática. En el estudio sobre las consecuencias económicas del cambio climático, el antiguo economista en jefe del Banco Mundial, Nicholas Stern, calificó al cambio climático como una amenaza muy seria para la humanidad y como el mayor fracaso del mercado. Señaló que las inversiones actuales para proteger el clima son considerablemente más económicas en comparación con los costos que tendrían las consecuencias que se han pronosticado.

 

En la Conferencia sobre Cambio Climático de 2007 en Balí (COP 13) se acordó una hoja de ruta (Bali Roadmap) para la aprobación de normas vinculantes para el periodo posterior al Protocolo de Kioto. Allí se incluyen también directamente los resultados del informe del IPCC y se establece que en el 2009 en Copenhague (COP 15) se apruebe un acuerdo que suceda al Protocolo de Kioto.

 

Sin cambio de rumbo a la vista: la Conferencia sobre Cambio Climático de Copenhague

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático de diciembre de 2009 en Copenhague ha sido la Conferencia de las Partes (COP) más grande celebrada hasta ahora, con más de 15.000 participantes, entre ellos, delegados de 193 Estados, representados por 80 jefes de gobierno, entre otros, observadores de organizaciones no gubernamentales y asociaciones protectoras del ambiente, así como aproximadamente 3.500 periodistas. Las grandes expectativas con respecto a la conferencia se vieron reflejadas en la amplia cobertura informativa en diversos medios, entre otros también en el World Ocean Observatory, el cual centró su atención en la importancia de los océanos y mares.

 

La inmensa atención mediática formaba parte del gran potencial existente para un cambio de rumbo significativo mediante una convención ambiciosa, pero ese “viento a favor” no fue aprovechado. Como resultado final, los delegados se limitaron a simplemente „tomar nota“ del Acuerdo de Copenhague y con ello sólo se mencionó, entre otras cosas, el objetivo no vinculante de evitar el aumento de temperatura mayor a 2 °C mediante la reducción de emisiones. Si bien es cierto que con ello se logró al menos fijar un objetivo concreto (lo cual podría ser una base importante para futuras negociaciones), dicha meta es, sin embargo, sólo una concretización de los objetivos previstos de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1992, pues en ella se exigen medidas para impedir “interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático”. Desde el punto de vista científico, la meta de 2 °C es sólo un límite de seguridad (valor límite). Si se alcanzan valores superiores los efectos del cambio climático se consideran como muy peligrosos, pues por encima de los valores críticos aumenta considerablemente el riesgo de sobrepasar puntos de inflexión irreversibles (tipping points) en ecosistemas y desencadenar de esta manera cambios imprevisibles.

 

Yvo de Boer, secretario ejecutivo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático desde 2006 hasta junio de 2010, calificó las negociaciones sobre el clima como un proceso muy laborioso. En el marco de una conferencia preparatoria en 2010 en Bonn de la 16.ª Cumbre del Clima de ese mismo año en México, de Boer, quien ha sido con seguridad uno de los actores más importantes y con mayor experiencia de las negociaciones llevadas a cabo en los últimos años, consideró como “muy improbable” que en la próxima Conferencia (COP 16) a realizarse en Cancún, se apruebe un acuerdo vinculante. Según su opinión, se podría contar con un acuerdo sucesor del Protocolo de Kioto en el 2011 en Durban, Sudáfrica (COP 17).

 

Los elementos críticos (tipping elements) han sido identificados como partes del sistema climático de la Tierra que incluso mediante pequeñas perturbaciones pueden ser fundamentalmente modificados. Si uno o varios de estos elementos traspasan el umbral crítico (en especial como consecuencia de un calentamiento global progresivo), podría significar el final irreversible de las condiciones medioambientales notablemente estables de la era postglacial.

Prácticos y “Klimapiraten”: observadores críticos, asesores y activistas defensores del clima

Miles de cooperantes de organizaciones no gubernamentales y otros observadores y asesores políticamente comprometidos con la protección del medio ambiente siguieron atentamente desde el lugar de los hechos las negociaciones de la Conferencia sobre Cambio Climático de Copenhague. Sin embargo, en muchos casos sufrieron limitaciones y no se les permitió el acceso al lugar donde se llevaban a cabo las negociaciones o pudieron participar sólo en grupos muy pequeños. Además, varias decenas de miles de activistas contra el cambio climático hicieron sentir fuertemente su presencia en el exterior del lugar de las negociaciones a través de diversas actividades.

 

Hindou Oumarou Ibrahim, representante de Indigenous People´s African Coordinating Committee, Chad

Climate Action Network (CAN) y los “Klimapiraten” junto a sus “aliados” constituyen un ejemplo destacable de las agrupaciones, organizadas de diferentes maneras, y de las actividades particulares. En 1989, 63 organizaciones de 22 países se unieron formando Climate Action Network. Hoy en día, la organización tiene unos 450 miembros corporativos, en su mayoría ONG, entre los que se destacan la organización para la promoción del desarrollo OXFAM y la asociación GERMANWATCH e. V., dedicada a promover el equilibrio Norte-Sur.

 

Las negociaciones de todas las cumbres sobre el cambio climático de la ONU fueron analizadas al detalle in situ y en parte seguidas de manera consultiva. Mediante actividades como cadenas humanas o conferencias, la red logró además dirigir la atención de la opinión pública hacia diversas facetas de la problemática climática y promovió el diálogo global.

 

Por ejemplo, durante las conferencias previas anuales de la ONU en Bonn se ha llevado a cabo en varias ocaciones una conferencia de un día de Germanwatch, Brot für die Welt y otras organizaciones. Mientras que en el proceso de la CMNUCC, también en junio de 2010, se percibía nuevamente muy poca dinámica en muchas negociaciones, en la conferencia de Germanwatch afectados directos denunciaban de manera impactante la injusticia global del cambio climático: “El cambio climático es ya una gran amenaza para África, siendo África uno de los continentes que emiten menos CO2” (Hindou Ibrahim de Indigenous People of Africa Coordinating Committee, IPACC).

 

Veleros clásicos durante la parada naval del clima frente a las costas de Copenhague. (Foto: Klimapiraten)

La parada naval de veleros durante la conferencia del clima de Copenhague mencionada al inicio, fue organizada principalmente por los Klimapiraten, quienes con barcos clásicos llamaron la atención sobre la necesidad urgente de un cambio de rumbo y exigieron acciones decididas durante las negociaciones. Al mismo tiempo que los Klimapiraten de Greifswald en los veleros LOVIS y PETRINE, el grupo estudiantil Paz Verde navegó con tres veleros desde Flensburgo y Kiel hasta Copenhague.

 

Con el llamado COPsail dieron una clara señal sobre el reclamado “Act Now!”. Su viaje CO2 neutral hacia la conferencia del clima con los barcos ZUVERSICHT y CAROLA de la asociación Verein Jugendsegeln de Kiel así como con el HANSINE de Bremerhaven demuestra como incluso en principio pequeñas iniciativas pueden ser exitosas. La marcada simbología de la parada naval tuvo una gran acogida en la prensa escrita, la radio y la televisión, en incluso en el ARD-Klimaschau, un especial de la televisión pública alemana dedicado a la cumbre del clima. La navegación nocturna a través de bancos de niebla en el Gran Belt, durante el viaje de ida, constituyó una experiencia especialemente impresionante. La tripulación llevó a cabo las difíciles maniobras con viento creciente mediante una adaptación flexible a las condiciones naturales presentes. La protección del clima requiere, además de cambios políticos, un trato respetuoso de la naturaleza. Una toma de conciencia en este sentido puede ser fomentada mediante la navegación a vela.

 

Rumbo peligroso: El futuro de los mares – muy calientes, muy altos, muy ácidos

Los océanos funcionan como importantes depósitos en el ciclo del carbono global. Ellos han absorbido aproximadamente un tercio de las emisiones de dióxiodo de carbono causadas por el hombre y se han visto por tanto fuertemente afectados por el aumento de los gases de efecto invernadero a causa del alto ingreso de CO2 y la acidificación. Además, como sumideros de CO2 gigantescos los océanos tienen una gran importancia en la política climática.

 

Los océanos absorben gran parte de las emisiones de gases de efecto invernadero en el ciclo del carbono y evitan con ello que se produzca un cambio climático más rápido. La absorción de CO2 y el cambio climático modifican al mismo tiempo la capacidad buffer de los océanos. La acidificación de los océanos modifica las condiciones biológicas con posibles efectos considerables y su calentamiento puede ocasionar la liberación de metano de los océanos. Los océanos juegan por tanto un papel importante en el contexto del cambio climático y la política climática. (Fuente: Oceáno del Futuro)

Un informe especial del Consejo Científico del Gobierno Alemán para el Cambio Global del Medio Ambiente (Wissenschaftlicher Beirat Globaler Umweltveränderungen - WBGU) del 2006 muestra claramente que el hombre causa importantes procesos de alteración de los océanos, que no tienen precedentes en los últimos millones de años. Los océanos están directamente influenciados el por cambio climático: “El futuro del medio ambiente marino depende decisivamente de si es posible limitar a un nivel tolerable las alteraciones causadas por el hombre en el sistema climático”.

 

Del mismo modo, el ambientalista Jean-Michel Cousteau (hijo del famoso oceanógrafo y director de documentales subacuáticos Jacques-Yves Cousteau) advirtió el mismo año de manera enfática: “El calentamiento global es un enemigo muy real, despiadado y cada vez más fuerte de los mares, sus arrecifes coralinos y de todas las naciones situadas junto al mar y que en mayor o menor medida viven de él. Para poder evitar catástrofes, que ya hoy se vislumbran [...] debemos alcanzar la unidad alrededor del globo sobre los cambios en la industria y en el modo de vivir.” (Cousteau, J.-M. (2006): Wunderwelt der Meere. En: National Geographic Deutschland, páginas 48-57)

 

Cambio de rumbo con brújula: límites de seguridad para la protección del clima

Para proteger los mares y en consecuencia el clima, son necesarias medidas preventivas especiales contra los cambios incontrolables. En tal sentido, la política climática debe formular condiciones marco claras, pues según WBGU: “La acción decidida y previsora es necesaria ahora para que los océanos no superen límites críticos del sistema”. Se exigen también límites de seguridad para la protección de los mares, pues los efectos de un aumento de la temperatura mayor a 2 °C, una subida del nivel del mar por encima de 1 metro y un descenso del valor de pH de más de 0,2 unidades con respecto al valor preindustrial, es considerado como intolerable.

 

Como medidas contra el cambio climático se estudian además las posibilidades de la llamada geoingeniería, mediante la cual es posible influenciar componentes concretos del sistema climático de forma controlada. Entre estas tenemos medidas para aumentar la función del mar como depósito de CO2 por ejemplo a través de la fertilización artificial con hierro mediante la introducción de ceniza volcánica. El aumento en el contenido de hierro de la superficie del mar incrementaría el crecimiento de algas y con ello posibilitaría una mayor absorción de CO2. Los problemas decisivos de tal intervención en los ecosistemas son los casi imprevisibles efectos colaterales y una fertilización no es por ello ninguna “panacea”, como lo subraya Andreas Oschlies, investigador del Instituto de Investigaciones Marinas IFM-GEOMAR en un artículo sobre la campaña Klima sucht Schutz (el clima busca protección).

 

Para poder ajustarse a las máximas de mitigación y adaptación debe actuarse rápida y enérgicamente. Ello requiere señales claras y disposición para actuar también por parte de la sociedad civil y de la economía, con el fin de fijar las bases para la pronta aplicación de medidas rigurosas.

 

El cambio de rumbo necesario seguramente no puede ser iniciado sólo por los actores políticos y requiere el apoyo y el impulso de muchos sectores del “equipo”. Sin embargo, la necesidad de un cambio de rumbo audaz es vista y exigida a voces por muchos “miembros de la tripulación”. Ha llegado el momento por tanto de que, a través de la firma de una convención vinculante y ambiciosa, quienes tienen la mayor responsabilidad actúen decididamente en consecuencia y puedan y deban cambiar el rumbo del “gran velero” de la compleja y complicada política climática.