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Algas marinas y arena del desierto

Un reportaje de viaje de Kai Hoppe

 

Durante la preparación de la expedición no me sentía precisamente tranquilo. Mauritania es uno de los países más pobres de la tierra y yo no tenía la menor idea de lo que me esperaría allí. Por otra parte, me resultaba excitante la idea de viajar a una región tan remota a cualquier ruta de viaje "normal“. A ello hay que añadir que me fascinan tanto el mar como el desierto, y en Mauritania el Sáhara se encuentra directamente con el Atlántico.

 

Deseábamos comprobar si es posible el cultivo de algas marinas en la costa de Mauritania y, además, constatar si ello puede suponer una perspectiva para el desarrollo regional. La idea de nuestra empresa procede del físico Bernhard Brand, que ya había recopilado experiencias en el norte de África.

 

Gracias a las sustancias que las componen, las algas marinas son interesantes en una gran variedad de aplicaciones, p. ej. en la producción de alimentos. Un hecho estaba especialmente a favor de nuestra expedición: la producción de algas rojas (para la elaboración de agar-agar, una variedad de gelatina) en el vecino Marruecos se ha desarrollado ya hasta convertirse en un sector rentable. Hoy por hoy, las empresas marroquíes aprovechan la costa hasta las regiones del Sáhara occidental limítrofes con Mauritania. A pesar de este hecho, en Mauritania no se había llevado a cabo intento alguno de aprovechar la existencia natural de algas o bien de practicar el cultivo de las mismas. Los estudios científicos de la flora marina de Mauritania son escasos y en su mayoría incompletos. Junto con un colaborador de la región y con el apoyo de la Lighthouse Foundation, nos lanzamos a la recopilación de experiencias en el lugar.

 

 

Hacia el norte

 

Nuestro plan era partir de la capital, Nouakchott, y viajar a lo largo de la costa en busca de aguas apropiadas. La región en torno al Parque Nacional Banc D'Arguin, en el norte de Mauritania, nos pareció de entrada especialmente adecuada para el proyecto. Sin embargo, en dicha dirección no hay carretera costera en grandes trayectos (ni tampoco carreteras pequeñas, por lo menos según nuestra concepción las mismas). La conexión con la gran ciudad portuaria de Nouadhibou en el norte transcurre mayoritariamente a lo largo de la playa y sólo es practicable con marea baja y vehículos con tracción integral. Además, aparte de alquilar el coche, es necesario contratar a un conductor que conozca los parajes.

 

Tuvimos que partir de Nouakchott a las 4:30 de la mañana en la más completa oscuridad, así lo prescribieron las mareas. Únicamente algunos pares de ojos de chacales solitarios reflejaban de cuando en cuando la luz de los faros. Mohammed, el conductor de nuestro pick-up, guiaba a toda marcha. A lo largo de pistas de grava, el automóvil fue avanzando a sacudidas hasta dejar atrás los 15 km que nos separaban de la playa, continuó el viaje meciéndose sobre dunas, transportándonos luego a una velocidad 75 km/h sobre la arena firme y lisa de la playa, muy cerca del agua. Habíamos marcado franjas rocosas de la costa en un mapa, donde esperábamos encontrar los tipos de algas buscados, y habíamos programado su localización en nuestro sistema GPS. Y, efectivamente, el mar había arrastrado bastantes más algas a la playa en estos lugares que en el resto de la costa. Dado que la mayor parte de la costa está formada por bancos de arena, las algas apenas tienen ocasión de agarrarse a algo. También para los sargazos, que pueden echar raíces en la arena, resulta demasiado abierta la costa, la menor tormenta las arrancaría.

 

En el trayecto nos encontramos con 6 ó 7 coches, lo que resultó de lo más emocionante. Ambos conductores rodaban a todo gas y con luz larga al encuentro, y nosotros nos preguntamos involuntariamente: „¿Y qué pasa si los dos se apartan hacia el mismo lado?“ De vez en cuando pedíamos a Mohammed que detuviera el coche y, a la luz de los faros y de linternas, cosechábamos las algas que podíamos encontrar. En cuanto empezó a clarear, Mohammed aprovechó la ocasión para sacar su alfombra y llevar a cabo sus rezos matinales.

 

 

Aldeas pesqueras al borde del Sahara

 

Bien entrada la mañana alcanzamos por fin Nouamghar, una pequeña aldea pesquera en la que también se encuentra una oficina de las autoridades del parque nacional. Aquí controlaron nuestra autorización para entrar en el parque nacional y notificaron por radio nuestra planeada visita a Iwik, donde se encuentra el cuartel principal. Esta medida de seguridad se repitió más tarde en todas los puestos de control; evidentemente no desean que se pierdan turistas por estos parajes.

 

En comparación con la capital, donde los signos de pobreza eran menos visibles, en las pequeñas aldeas de la costa su presencia era manifiesta. Los escasos turistas y la pesca son las únicas fuentes de ingresos de que dispone Iwik. La pobreza es visible por todas partes, en las penosas chabolas, las ropas raídas, las inmundicias en los caminos. Pequeñas chabolas de chapa ondulada o bloques de hormigón, el suelo casi siempre de barro pisado. Cobertizos hechos de restos de madera y alambres para las cabras y ovejas que, por lo general, suelen andar sueltas por la aldea. Los pescadores limpian el pescado en cualquier sitio y tiran los restos, el aire apesta y todo está lleno de moscas.

 

En las arrasadoras sequías de los años 80 y 90 perecieron el 90 % de los rebaños en el interior de Mauritania. A los nómadas no les quedaba otra elección que emigrar a las ciudades o a la costa si querían escapar al hambre. Por ello existe una pesca tradicional muy extensa practicada desde la playa en barcos de tres a seis metros de longitud con motores fueraborda. Dependiendo de la intensidad, la botadura puede suponer una peligrosa aventura, pues el oleaje es imponente incluso en días de calma. Sin embargo, en el territorio del parque nacional están prohibidos los barcos de motor, allí sólo se utilizan unos barcos de vela cuyo modo de construcción procede de las islas Canarias. Dado que la costa está protegida por islas antepuestas, no es necesario arrastrar los barcos a la playa.

 

 

En el Parque Nacional Banc D'Arguin

 

El Parque Nacional Banc D'Arguin es uno de los más grandes de África. Tiene una superficie aproximada de12.000 km² y comprende desierto, islas, prados de sargazos y zonas de aguas bajas. Millones de aves acuáticas, que también habitan o hacen parada en el parque nacional alemán Wattenmeer, encuentran aquí otro hábitat para descansar o para invernar. Al ser una zona protegida, es el único lugar en Mauritania donde se pueden encontrar restos de manglares.

 

El centro del parque nacional es la aldea Iwik, donde, a unos 100 m de la misma, encontramos algo parecido a un campamento. Se encuentra en una colina a la que no es posible acceder con los pies secos con la marea alta. La disposición es espartana: sencillas tiendas beduinas y una barraca común con mesas y sillas. La única instalación sanitaria consiste en un barril de aceite enterrado en el suelo. Agua no hay, tuvimos que llevar la que necesitábamos para nuestro consumo. Los habitantes de la aldea disponen de escasos 3 l de agua dulce de dudosa calidad por día, que es transportada al lugar en camiones cisterna.

 

Nuestras tiendas resultaron ser poco estables. En la primera noche llovió, las tiendas de tela se empaparon por completo y se hundieron por su propio peso. En la segunda noche hubo tormenta y las tiendas tampoco ofrecieron resistencia al viento. Al final dormimos en la barraca.

 

 

Hacia Nouadhibou

 

El viaje a lo largo de las playas había sido realmente confortable en comparación con lo que todavía nos esperaba. Para evitar las extensas planicies salinas en el camino a Nouadhibou, tuvimos que hacer un rodeo adentrándonos en el interior del país. Allí no existen pistas, se conduce simplemente por el terreno. En el asiento posterior de nuestro mal amortiguado pick-up me llevé la sacudida de mi vida. Los restos abandonados de más de un coche atestiguaban que no todos los automóviles sobreviven a la travesía. La arena y los guijarros se alternaban con rocas calizas pulidas por el viento. La única vegetación consistía en unas pocas de zarzas y acacias, que por lo menos daban un poco de sombra en la obligatoria pausa del té. Al atardecer llegamos por fin cubiertos de polvo y muy cansados a la ciudad portuaria más grande de Mauritania, Nouadhibou.

 

Nouadhibou está situada en la península de Cap Blanc, que separa la Baie du Levrier del Atlántico. Nuestras investigaciones en el sitio nos llevaron efectivamente al resultado de que esta bahía es un lugar adecuado para el cultivo de algas, pues constituye el único lugar protegido, aparte del parque nacional. Si bien el puerto supone un cierto riesgo para una instalación de este tipo. Aquí se cargan al aire libre grandes cantidades de mineral de hierro en enormes cargueros, y toneladas de mineral de hierro van a parar al mar: las columnas de polvo se pueden ver a kilómetros de distancia. Las regulaciones medioambientales no se toman demasiado en serio y, en una bahía cerca del puerto, hay docenas de barcos encallados en la playa, abandonados a la oxidación. En una muestra tomada al azar hemos podido medir, entre otros, elevados valores de plomo. Dado que muchas algas concentran metales pesados, deberían llevarse a cabo minuciosos exámenes de la calidad del agua y de la situación de las corrientes antes de la selección de un lugar para el cultivo.

 

 

Cultivo de algas en la costa de Mauritania

 

La utilización de las algas rojas para la producción de agar-agar se ha desarrollado en el país vecino Marruecos hasta convertirse en un importante sector económico que aporta anualmente al país una entrada de divisas de aproximadamente 40 millones de euros. La producción ocupa allí a un total de 500 empleados. A ello hay que añadir unos diez mil trabajadores de temporada en la época de la cosecha. Principalmente se utilizan algas del género Gelidium, en menor medida también Gigartina y Gracilaria. Estas algas se cosechan en los contingentes naturales a lo largo de toda la costa atlántica marroquí. Pero desde hace algunos años se ha advertido una dramática reducción de las reservas naturales de algas, cuyas causas son la explotación abusiva y métodos de trabajo inadecuados.

 

Las corrientes cálidas del trópico afectan más a Mauritania que a Marruecos, lo que tiene por consecuencia una diferente flora de algas. Las especies típicas de Marruecos, que prefieren el agua fría del Atlántico, se encuentran en Mauritania únicamente en la zona en torno a Cap Blanc (cerca de Nouadhibou), la parte más septentrional del país. Amplias zonas de la costa mauritana se componen de subsuelo arenoso, que no resulta muy apropiado para el crecimiento natural de las algas grandes. No cabe esperar en Mauritania ricos bancos naturales de algas como en Marruecos, con sus arrecifes de rocas cercanos a la costa.

 

La posibilidad del cultivo de algas sólo se da en la protegida bahía de Levrier en Nouadhibou. Como la ciudad industrial y portuaria más importante de Mauritania, Nouadhibou ofrece además mano de obra cualificada, así como la infraestructura adecuada para una empresa de este calibre. Las condiciones para las actividades comerciales han mejorado mucho en Mauritania en los últimos años: desgravaciones fiscales apoyan las inversiones y está previsto introducir rebajas en los aranceles para los bienes de exportación.

 

El aprovechamiento de recursos naturales implica el peligro de la sobreexplotación y su cosecha incontrolada. Por eso parece más razonable la creación de un centro de acuicultura, que podría tener su sede cerca de Nouadhibou. Aquí podrían encontrarse lugares adecuados para el cultivo de algas en el protegido lado oriental de Cap Blanc. Especies económicamente interesantes como la Gracilaria verrucosa y la Gelidium sesquipedale crecen también aquí de forma natural, de modo que no sería necesario llevar a cabo una cuestionable "implantación“ de especies ajenas al lugar.

 

 

Kai Hoppe es biólogo marino y socio de Coastal Research and Management (CRM) en Kiel,

Bernhard Brand trabaja como asesor en Berlín

 

 

Al principio

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