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Golfo de Alaska

La imagen de SeaWiFS muestra extensas floraciones de algas en el Golfo de Alaska, que ponen de manifiesto el patrón de corrientes marinas en esta parte del océano Pacífico. En el borde izquierdo de la imagen aparece la isla Kodiak, más arriba está la península de Kenai. Arriba a la izquierda, se ve cómo penetra profundamente en el continente la bahía de Cook, en cuyo extremo está situada Anchorage, la capital del estado federal de Alaska. (Fotografía: NASA, SeaWiFS)

El Golfo de Alaska forma parte del Pacífico nororiental y está situado delante de la costa de Alaska (EE.UU.). Por el este, la amplia plataforma continental cae con gran pendiente hacia la llanura abisal y por el oeste hacia la fosa de las Kuriles. El fondo marino está dividido por canales, elevaciones y guyots. La bahía de Cook y el estrecho del Príncipe Guillermo penetran profundamente en la costa de Alaska.

 

La corriente de Alaska, que gira en sentido antihorario y procede de la corriente oriental denominada Kuroshio, determina las condiciones oceanográficas del Golfo de Alaska.

 

La región marítima tiene un clima oceánico húmedo. Las precipitaciones medias anuales superan los 5.000 mm en algunos lugares. Las temperaturas son relativamente suaves en invierno y frescas en verano. En las islas Aleutianas, desprovistas de cubierta forestal en su mayor parte, las condiciones meteorológicas suelen ser desapacibles y, en invierno, predomina el frío húmedo, las nieblas y soplan fuertes vientos.

 

La plataforma continental marina del Golfo de Alaska alberga un ecosistema con una gran diversidad biológica, con diferentes especies explotadas comercialmente, como el cangrejo, la gamba, el carbonero, el salmón, el fletán o halibut y la caballa. La captura del carbonero ha sido prohibida por la autoridad pesquera federal de EE.UU. en algunas zonas del Golfo debido a la fuerte disminución de su población por la pesca intensiva. El marrajo salmón o cailón salmonero y la tintorera son las dos especies de tiburones más importantes de las aguas del Golfo. Mientras que el marrajo salmón vive todo el año en el Golfo de Alaska, la tintorera es un visitante de verano, que migra desde aguas más meridionales hacia el norte.

 

Hay trece especies distintas de mamíferos marinos que habitan todo el año en el Golfo de Alaska. Las orcas y los cachalotes pueden encontrarse durante todo el verano a lo largo de la corriente de Alaska; además, abundan las ballenas barbadas, como la ballena azul, el rorcual común y el rorcual negro o ballena boreal. El rorcual aliblanco, denominado también ballena minke o ballena enana, y la ballena jorobada viven cerca de la costa y probablemente no aparezcan en gran número fuera de estas aguas.

 

Una de las mayores catástrofes mundiales por vertido de petróleo ocurrió en marzo de 1989, cuando el petrolero gigante Exxon Valdez embarrancó en el estrecho del Príncipe Guillermo del Golfo de Alaska. El buque naufragado vertió más de 42.000 toneladas de crudo en el mar, formándose una marea negra que cubrió unos 1.600 km de costa del estrecho. Los daños medioambientales se estimaron entre 3.000 y 15.000 millones de dólares. La marea negra ocasionó la muerte a cientos de miles de aves y peces, y a miles de nutrias marinas.

 

Unos meses después del accidente, la agencia del medio ambiente del estado de Alaska estimaba que aún quedaban 149 kilómetros de costa altamente contaminados por el petróleo en el estrecho del Príncipe Guillermo, y otros 459 kilómetros presentaban un nivel de contaminación de medio a alto.

 

Un año después, las investigaciones demostraron que la contaminación visible ya se había reducido en un 73%. Dos años más tarde, en 1991, un nuevo estudio permitió comprobar que ya sólo quedaba una franja costera de 1,4 km con un nivel alto de contaminación. Esta franja quedó reducida a unos 200 metros en el año 1992.

 

Los estudios concretos sobre las acciones de limpieza de las playas y los bancos de moluscos contaminados por petróleo, realizados entre 1995 y 1999, demostraron que el crudo era más resistente a la biodegradación de lo esperado y que contenía elevadas concentraciones de sustancias aromáticas policíclicas tóxicas. Las investigaciones de las zonas contaminadas realizadas a largo plazo han demostrado que, diez años después del vertido, las poblaciones de nutrias marinas y ánades aún no se han recuperado. Además, los estudios recientes ponen de manifiesto la existencia de bolsas de petróleo bajo la superficie de las playas en algunas zonas concretas, que representan una fuente latente de contaminación que amenaza permanentemente las aguas costeras, con el consiguiente efecto a largo plazo sobre el ecosistema de la región.

 

 

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