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El Océano Atlántico

El Océano Atlántico (cuyo nombre procede de Atlas, uno de los titanes de la mitología griega) es el segundo mayor océano del mundo. Cubre una extensa cuenca oceánica en forma de S en dirección norte-sur, y las corrientes ecuatoriales que lo atraviesan en torno al paralelo 8° de latitud norte lo dividen en dos: el Atlántico Norte y el Atlántico Sur. El Atlántico limita al oeste con Norteamérica y Sudamérica, al este con África y Europa. El Atlántico se comunica con el Pacífico a través del océano Ártico en el norte y del estrecho de Drake en el sur. En el sudoeste, el meridiano a 20º de longitud oeste representa la línea de separación entre el Atlántico y el océano Índico.

 

 

Un sistema de la presión baja sobre el Atlántico Norte noroeste de Irlanda. (OrbView-2, SeaWiFS Project)
El polvo está soplando a través de la costa del noroeste de África hacia las Canarias. (OrbView-2, SeaWiFS Project)
Las aguas del Océano Atlántico del sur demuestran las floraciones grandes del phytoplankton. (OrbView-2, SeaWiFS Project)
Las aguas más bajas alrededor de las Bahamas y de la Cuba ponen en contraste con el agua más oscura en el golfo de México y de Océano Atlántico. (OrbView-2, SeaWiFS Project)

La dorsal atlántica

 

La estructura más llamativa del fondo marino en el Atlántico es la cordillera submarina que lo atraviesa longitudinalmente, denominada también dorsal medioatlántica o mesoatlántica. Esta dorsal se extiende desde Islandia, en el norte, hasta el paralelo 58º de latitud sur y forma parte del sistema de dorsales oceánicas. El centro de la dorsal atlántica está ocupado por un amplio valle axial de expansión, donde se forma constantemente nueva corteza terrestre de origen volcánico a partir del magma que brota del manto. De este modo, el fondo marino se expande entre los continentes de África y América.

 

 

El océano más joven

 

En términos de edad geológica, el Atlántico es el más joven de los grandes océanos. Según los conocimientos actuales, el Atlántico comenzó a formarse hace unos 150 millones de años, cuando el antiguo supercontinente denominado Pangea se fragmentó, dando lugar a la formación de grandes mares entre las placas continentales que se alejaban entre sí, separadas por las dorsales oceánicas.

 

 

Corrientes

 

Habitualmente las aguas superficiales de los mares que bordean el Atlántico Norte están cubiertas de hielo durante el invierno. Entre ellos, por ejemplo, cabe citar el mar del Labrador, el estrecho de Dinamarca y el norte del mar Báltico. Las corrientes cálidas del Atlántico Norte, como la corriente ecuatorial del norte, la corriente de las Canarias y la corriente del Golfo, giran en sentido horario. Por el contrario, las corrientes del Atlántico Sur, como la de Brasil, la de Benguela y la ecuatorial del sur, giran en sentido antihorario. Ambos patrones de corrientes se extienden desde las proximidades del ecuador hasta unos 45º de latitud norte y sur, respectivamente.

 

 

Clima

 

El clima de la región atlántica está muy determinado por las diferencias de temperatura entre los diversos patrones de corrientes. La corriente del Golfo, por ejemplo, calienta la atmósfera en la zona de las islas Británicas y sobre el noroeste de Europa, mientras que las corrientes de agua fría provocan la formación de intensas nieblas delante de las costas del noroeste de Canadá (zona del Gran Banco) y las de África noroccidental. Un destacado fenómeno climático de la zona atlántica lo constituyen los ciclones tropicales. A partir de estos vientos que giran en forma de remolino y se originan delante de las costas africanas, cerca de Cabo Verde, se forman enormes huracanes que avanzan sobre el Atlántico en dirección oeste, hasta el Caribe. Los huracanes pueden producirse entre mayo y diciembre, aunque se forman con mayor frecuencia entre agosto y noviembre.

 

 

Descubrimiento y explotación

 

Desde que los seres humanos se asentaron en las costas, comenzaron a explorar los mares. A lo largo de milenios, el transporte en barco ha predominado sobre cualquier otro medio de transporte. Los fenicios, que ya mantenían rutas marítimas comerciales entre el Mediterráneo y el Atlántico nororiental, circunnavegaron África desde oriente hacia occidente alrededor del año 600 antes de Cristo. A partir del siglo VII, los vikingos navegaron por los mares del norte y llegaron a América en torno al año 1000. Durante los siglos XV y XVI, los navegantes portugueses y españoles volvieron a descubrir, en sus famosos viajes, esas tierras que ya fueron halladas siglos antes por otros marineros, y las nuevas rutas comerciales a lo largo de las costas africanas y hacia América permitieron conocer mejor los contornos del océano Atlántico.

 

Además de las importantes rutas para el transporte marítimo, la gran importancia económica del océano Atlántico se debe, especialmente, a los ricos yacimientos de gas y petróleo existentes en sus plataformas continentales, así como a los grandes bancos de pesca. Principalmente se pesca bacalao, eglefino o abadejo, arenque y caballa. Entre los caladeros más ricos cabe citar el Gran Banco cerca de Terranova, que está sobreexplotado desde principios de los 90, la plataforma continental de Nueva Escocia, el banco George frente al Cabo Cod, los bancos de las Bahamas, las aguas que rodean Islandia, el Gran Sol, el Dogger Bank en el Mar del Norte y los bancos de las Malvinas. Además, en el Atlántico se capturan grandes cantidades de anguilas, bogavantes y, aún hoy en día, mamíferos marinos como las ballenas. Estas últimas, al igual que las focas, los leones marinos, las tortugas, etc., son las especies animales más amenazadas del Atlántico. La pesca con redes de deriva y el exceso de capacidad de las flotas pesqueras aceleran considerablemente la merma de muchas especies y dan lugar a conflictos internacionales. Otros recursos naturales son la arena y grava de las aguas poco profundas, así como los nódulos polimetálicos de las plataformas marinas y las piedras preciosas.

 

La contaminación de origen industrial y urbano de las aguas se manifiesta especialmente en las costas de América, el sur de Brasil y la región oriental de Argentina; las zonas contaminadas por petróleo predominan en el Caribe, el Golfo de México, el Mediterráneo, el Mar del Norte y el Báltico.

 

 

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